El museo de las almas del Purgatorio

Viajamos a la ciudad eterna, para visitar una de sus iglesias más modernas, la del Sagrado Corazón del Sufragio, que data de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Otra de las razones por la que es conocida es por albergar en su interior el museo de las almas del Purgatorio.

La iglesia está construida junto al río Tíber y está realizada en estilo neogótico, lo que la ha llevado a ser conocida incluso como “la pequeña catedral de Milán” pues su apariencia nos recuerda al duomo lombardo, ese sí realizado en el más puro estilo gótico. Su construcción fue promovida por el padre Víctor Jouet, misionero francés del Sagrado Corazón, quien adquirió unos terrenos en el llamado Lungotevere. La construcción del templo tuvo lugar en 1893 y fue a cargo del arquitecto Giuseppe Gualandi.

Y es que en Roma, pese a la enorme cantidad de iglesias que podemos encontrar a lo largo y ancho de la ciudad, no tenemos reminiscencias de la época gótica, pues no hay ningún vestigio de este tipo de edificios en la ciudad. Y casi podríamos decir que la iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio es la única de estilo neogótico, lo que la convierte, además en una de las más modernas de la ciudad.

Sí quería mencionar que, en este período se desarrolló en Italia el conocido como “estilo Liberty”, o lo que es lo mismo, la variante italiana del Art Nouveau. En Roma, por ejemplo contamos con la Villa Torlonia, un ejemplo destacado de este modernismo italiano.

Pero volvamos a la iglesia. Su decoración es espectacular y totalmente distinta a la de cualquier edificio de la ciudad. En las distintas capillas podemos encontrar imágenes de ángeles cantores y arcángeles guerreros realizados en un estilo neobizantino, sobre todo por el uso abundante de fondos dorados.

Además, el preciosismo de estos ángeles nos recuerda en cierta manera a la pintura prerrafaelita. También es verdad que hay algunas representaciones un poco excesivas, como una representación de la aparición de Jesucristo a una santa realizada en tonos rosáceos que le da un aspecto un tanto kitsch.

Al poco de haberse construido la iglesia, en el año 1897, se produjo un incendio y la capilla dedicada a la Virgen del Rosario ardió en llamas. Cuando retiraron todos los objetos de culto y quedaron desnudas sus paredes allí apareció un rostro formado por las cenizas del fuego. Aquel signo se interpretó como que lo que allí había era la cara de un alma del Purgatorio…

Ese rostro, a mi juicio, fue causado por el incendio y poco tiene que ver con una teleplastia, por ejemplo. Pero el padre Jouet no lo consideró así y pensó que se trataba realmente de la faz de un alma que estaba penando en el Purgatorio.

Y es que el Purgatorio es el estado de purificación dolorosa de las almas de los muertos que no han cometido pecados mortales, sino leves, y que desde el más allá entran en contacto con los vivos.  

Parece ser que algunos dejan su impronta en telas, en libros o en tablillas, para pedir oraciones o indulgencias y poder así abandonar ese estado cuanto antes.

Parece ser que después de abandonar el Purgatorio, los muertos agradecidos por la liberación, dejan una huella, generalmente de su mano plasmada con una quemadura en camisolas, gorros o libros y ya no volvían a aparecer, según relataba sin pestañear el padre Jouet.

Esta es la razón por la que este sacerdote comenzó a investigar más sobre el tema y se dedicó a recabar información y pruebas de vestigios de otras almas del Purgatorio. Ese fue el comienzo del museo.

Allí podemos encontrar objetos de esta supuesta naturaleza sobrenatural. Por ejemplo, tenemos la aparición en 1875 de Luisa a su marido Luigi Senechal en su casa de Ducey en Francia, para pedirle oraciones por su alma. Así lo hizo el viudo y, al poco tiempo halló como señal la huella de los cinco dedos, de su difunta mujer, sobre su gorro de noche.

Otro ejemplo es la impronta dejada sobre un libro de una tal Margarita Demmerlé, por su suegra que se le apareció treinta años después de muerta vestida con un traje típico del país. Bajó por la escalera del granero y le dijo: “Soy tu suegra, muerta de parto hace treinta años… ve en peregrinación al santuario Mariental y allí haz celebrar dos Santas Misas para mí”. Una vez cumplida la petición, la suegra posó la mano sobre el libro De Imitatione Christi de Tomás de Kempis, un devocionario que promulga la vida de sacrificio como la del propio Cristo, y allí quedó grabada la marca de su mano.

Otra historia muy curiosa está relacionada con la manga de una camisa de un hombre de vida disipada, un tal Giusseppe Leleux en Bélgica, a finales del siglo XVIII. Parece ser que su madre, desde el Purgatorio, le reprendió por su vida de crápula, y le rogó que cambiase de hábitos y que se dedicara a la Iglesia. La mujer plasmó su mano sobre la camisa y Giusseppe vio la luz y dejó su vida libertina para fundar una Congregación.

También tenemos la impronta de fuego de un dedo de Sor María de San Luis Gonzaga que se apareció a Sor María del Sagrado Corazón en 1894 para pedir por misas para su alma.

Estos son algunos de los casos con los que contamos en este museo. Cuanto menos, de lo más extraño.

Si entramos en la iglesia, a primera vista no localizamos el museo, pues se encuentra un poco escondido. Debemos andar por la nave lateral derecha hasta el fondo y allí, junto a la sacristía se encuentra este pequeño espacio. Debemos pedir que nos enciendan la luz, pues aquello está siempre en penumbra.

Para conocer todas estas historias hay varios folletos donde se explican en diversos idiomas todas las apariciones, fantasmagorías y relatos de ultratumba, junto a una serie de estampas del Santo Rosario para las Santas Almas del Purgatorio.

Y hasta aquí, esta breve crónica sobre este curioso museo en la ciudad de Roma.

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